
Poema del mes en Alta Literatura
De noche
mis huellas se pierden entre aquellos
que no caminan como nosotros.
Un paso a la vez,
sincronía,
oscuridad,
orgasmos
en plena curva donde descubriste la esencia,
suspiros y una flor,
fantasmas que huyen
a pesar de las palabras,
a pesar de un
«No te voy soltar nunca»…
De noche,
los fantasmas tienen tu nombre,
sincronía de mis pasos,
soledad de tus huellas.

La lluvia piensa que mi cuerpo
es una flor suspendida en lo inverosímil.
Quetzalcóatl
no tiene el mismo libro sobre la mesa,
no llora detrás de la lluvia.
Llorar es una palabra
para colgarnos sobre la pared.
Una flor suculenta
lleva heridas donde penetra el agua cuando llueve,
suspira en lo inexacto.
Cuelga la sangre y el dolor,
grita
pero Quetzalcóatl no es un reflejo,
grita con otro nombre
cuando su piel
sacrifica la última gota
y es la lluvia
una flor.

Mis padres
conservan los arrecifes en el rostro.
(Nadie
les
dijo
que un rostro
es
un
agujero
profundo
donde no cabe
el
mar
ni
sus
olas)
Papá
migró en el Mariel
dentro de una ballena blanca
sin haber leído nunca a Moby Dick.
(Padre
solo
miraba
películas del oeste,
sin
tener
idea
de
que
una
rosa
náutica
era
necesaria
para
domesticar
a
las
ballenas)
Mamá
pudo llamarse Penélope,
pero solo conoció a Homero:
un viejito
que me regaló pan con azúcar
cuando le sonreía de chico,
sin saber que había otro
que nunca tuvo el mismo pan
sobre los manteles;
quizá por eso
escribió sobre una mujer
que cultivó arrecifes en sus manos,
como quien espera en lo profundo
su ballena blanca.

Me obligaron a dejar de fumar.
Fumaba mis huesos con sabor a pólvora
y creí que la pólvora
era diferente.
Me obligaron a creer
que la comida hacía daño.
Comí alquitrán los fines de semana
y las semanas eran días
donde colgar las pieles
con las que algunos
hicieron caldos de mariposas.
Las mariposas
no tienen permitido volar
sino en el sacrificio de los corderos.
Los corderos
fueron dibujos de un niño
que alguna vez tuvo sueños
y en los sueños
sus mariposas
tenían otra piel.
Morir no es como uno piensa.
Uno pretende
lanzar un grito al vacío
desde la torre más alta,
pero no hay elevador
o el acceso a la azotea
no existe
y uno no puede morir.
Entonces
uno camina hacia la autopista
para tatuar su piel
en el motor de los camiones,
pero los camiones
frenan en seco
y los conductores te insultan,
pero no cruxifican
tus huesos en el asfalto.
Sigues vivo
y sales de noche
con la esperanza
de que los asesinos
depositen
su rutina de asesinos
oxidados en tu piel
y te desangres,
pero los asesinos te ignoran
porque están asesinando a otros
que no quieren ser asesinados.
Ahí recuerdas
eres tú quien quiere morir
e insistes.
Recuerdas a tus hijos
que no te abrazan
ni te regalan besos
al amanecer,
pero son tus hijos y los amas
a pesar de todos
y de todo.
Quieres despedirte de ellos,
dejar tus pertenencias recogidas
para que tus hijos
las tengan en sus manitas de hijos
que quizá te lloren cuando mueras.
Y entonces
no quieres morir
pero ya estás muerto
porque nadie,
nadie
escuchó tu grito.









3 Comentarios
Cuánto me han emocionado con este obsequio. Solo puedo agradecer en reverencia.
¡Abrazos de luz!
¡No olviden sonreír!
Nosotros somos los agradecidos por tener la oportunidad de compartir de tu arte. Felicitaciones reiteradas.
Bellos poemas amigo Roswel! El último de esta secuencia es excepcional. Gracias por tu obra y a este espacio literario por ser eco de ella.